Me despierto de madrugada. Mi entrepierna
está mojada. A media luz estiro la goma de mi pijama y echo
una mirada a mi pubis. Mis vellos están adornados de
pequeñas gotas como el rocio de la madrugada. Miro a
los lados, mi hermana duerme en su cama, junto a la mia, y sin
quitarle la vista de encima bajo mis pantalones casi hasta mis
rodillas.
Mis manos ya saben a donde dirigirse. El índice de
la izquierda choca contra mi clítoris y casi no puedo
ahogar un quejido. Mi dedo medio derecho pasea entre mis labios
ya empapados. El vaivén de mi índice me lleva
después de casi cuatro minutos al preludio del orgasmo,
ese momento en que te palpita el cuerpo entero y las vibraciones
crecen a lo largo del vientre. Mi otro dedo coquetea con la
entrada de mi vagina, y casi introduzco la primer falange.
Pienso en mis dedos entrando completamente en mi, hiriéndome
el vientre, como lo hace Mariana, mi mejor amiga. Como lo
ha hecho frente a mí. Dos dedos sin vacilar, hasta
los nudillos, y después movimientos en círculo,
mientras me pedía que le acariciara el clítoris.
Aquel día pareció gozar mucho y fuimos mejores
amigas. Si estuviera aquí en éste momento le
pediría que me tocara.
Mi dedo aún se pasea de arriba a abajo por mis pequeños
labios. Mi dedo medio casi se introduce al pasar mojado por
mi vestíbulo y mi mano derecha se mueve en círculos
contra aquel sensible capullo que es el clítoris. En
un arranque de osadía miro de nuevo a mi hermana, dándome
la espalda y en profundo soñar. Retiro de mis piernas
completamente el pantalón, bajo del cual no uso nada,
y abro mucho las piernas. Humedezco con un poco de saliva
la punta de mi dedo, aquel que antes se paseaba entre los
labios, y lo froto por toda mi vulva, revolviendo mi saliva
con mis jugos. Cierro los ojos, pienso en Mariana e introduzco
mi dedo hasta la mitad. Suspiro hondo, como si se me saliera
el aire. Me toma un instante reconocer la sensación
que me provoca, pero al mover un poco el dedo me doy cuenta
de que me duele, y me duele mucho. Reacciono sacando completamente
el dedo y apretando ambas manos contra aquella zona. El dolor
no tarda en desaparecer, aunque no completamente, y a pesar
de que mi curiosidad fue saciada no fue así con mi
calor, de manera que humedeciendo aún más mi
dedo lo coloco de nuevo en la entrada de mi rosado canal.
Sólo me toma una gota de valor y cuando me doy cuenta
está de nuevo adentro. Solo que esta vez completamente,
y la sensación de dolor me parece ahora menos insoportable
y, gradualmente, placentera. Imitando a mi amiga comienzo
un movimiento rotatorio dentro de mí. La sensación
es indescriptible. Solo puedo acertar a respirar entrecortadamente,
y siento mis mejillas y mis orejas calientes y rojas. Pronto
mi otra mano se mueve hacia el punto de encuentro de mis labios
y el clítoris sale al encuentro con mis dedos. Ya no
tardará mucho, pienso, y mis manos en completa armonía
se mueven con frenesí, acelerando el compás
de su ritmo. Aprieto los dientes, mirando hacia abajo solo
puedo ver un remolino de vellos agitados por un ejército
de dedos que sin pausa siguen afanosos su tarea. Mi abdomen
se tensa y me arqueo hacia adelante un instante, en posición
fetal. Es la aproximación de mi orgasmo, pero esta
vez no es igual que siempre. Esta vez lo siento crecer con
muchísima más intensidad, abarcándome
toda, sin límite. Mis dedos empapados, las gotas que
caen sobre mis sábanas, el movimiento acelerado de
mis caderas, todo aunado a un fin que no se hace esperar.
Exploto, un remolino me envuelve y un grito sordo se me escapa;
luego otro, y mi cuerpo entero es un tornado que se agita
inevitablemente llenándome de un vértigo delicioso.
Ah...ah... Mi cabeza se agita de un lado a otro y mi espalda
se arquea ahora hacia atrás, de manera que quedo apoyada
en mi cabeza y la punta de mis pies solamente. Un gemido largo
- aaaaaah... Ah...ah... - y lentamente mi cuerpo extendiéndose
sobre la cama, extasiado, y no quepo en mi de satisfacción.
Sin abrir los ojos estiro mi mano hacia el buró y con
un pañuelo me limpio el exceso de néctar. Me
pongo el pantalón. De reojo veo a mi hermana aún
dormida y me acomodo de nuevo bajo las sábanas. Me
siento feliz y no puedo esperar a hablarle a Mariana. Decirles
que ya soy como ella.
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