Mi mujer y yo habiamos estado haciendo el amor durante casi
toda la noche, y, a pesar de lo mucho que quiero a mi mujer
y lo bien que sabe hacerlo, yo no habia disfrutado al cien por
cien.
El siguiente fin de semana sería nuestro segundo aniversario
de boda, y como yo siempre digo lo que pienso, le dije a mi
mujer que me daria mucho morbo hacer un intercambio de pareja,
hacer el amor con otras personas, a lo que siempre contestaba
con evasivas, Antonio, que dices, Antonio lo otro, ...y entonces
yo tenía que dejar de hablar del tema.
Por la noche invitamos a cenar para celebrar nuestro aniversario
a un matrimonio amigo nuestro: Alberto y Desiree. Yo había
hablado con El sobre este tema, y tanto El como su mujer estaban
deseando el montar una gran orgia, pero como mi mujer no estaba
por el tema, lo habiamos dejado hasta que pudiera ser.
La cena transcurrió con normalidad, hasta el momento
en que brindando con champan, mi mujer, Marta, se manchó
el vestido, de modo que fué al baņo para limpiarse
la mancha, siendo acompaņada por Desiree.
Lo que no pude sospechar es lo que paso dentro del baņo.
Desiree empezo a limpiarle el vestido a Marta, y para limpiarlo
mejor, le desabrocho los primeros botones del vestido, dejando
ver los pechos de mi mujer, que si bien no son exagerados,
son muy redondeados, suaves y apetitosos, y Desiree empezó
a lamerle los pezones.
Marta, al principio se extraņó, pero luego
comenzó a excitarse, y subiéndose el vestido
hasta la cintura, empezó a masturbarse el coņo
con una mano, rozándose sus labios mayores y el clítoris,
mientras con la otra hacia lo propio en el coņo de
Desiree. Marta, poco acostumbrada a este tipo de relaciones, no
tardó en correrse, dejando escapar por su vulva abundante
líquido, de color ocre y un intenso olor y casi un
momento después, se corrió Desiree.
Mientras tanto, Alberto me había comentado sobre un
sitio de intercambio de parejas, de modo que me dió
la dirección y fuí al día siguiente.
El encargado de la agencia se llamaba Jaime.
Como la maņana estaba despejada de clientes, habia
llamado a su secretaria para que le hechase una mano (¡y
lo que hiciera falta, vamos!).
Rosa no era precisamente una tía de estas que
esta buenísima, pero si tenía buen cuerpo y
mucha experiencia jodiendo, ya que tanto Jaime como Rosa
hacían servicios cuando era necesario.
Cuando entró al despacho de Jaime, sin decirle nada,
le bajó los pantalones y comenzó a chuparle
el pene, moviéndolo rítmicamente, mientras Jaime
la cogía de la cabeza y ayudaba con un movimiento de
mete y saca.
Se notaba que Rosa no era la primera vez que lo hacía.
Chupaba su glande y ejercía una presión con
los labios de modo que el rozamiento era mayor. Cuando llevaba
un rato chupándosela, la subió encima de la
mesa y comenzó a penetrarla por el culo, a toda velocidad,
mientras ella gemía de placer. Las embestidas de él
no tardaron es surtir efecto, de modo que ella se corrió,
al tiempo que el le sacaba el pene del culo y se lo introducía
por el coņo, para comenzar de nuevo a martillearla,
alcanzando ella de nuevo un orgasmo, y entonces él
se la saco de su afeitada cueva y se la metió en la
boca para correrse abundantemente dentro de ella, que se tragó
gustosamente lo que le habían regalado.
Como llegaba la hora de la visita conmigo, se sentó
en su sillón sin guardarse el cacharro, y ella se puso
debajo de la mesa para continuar chupandosela.
Al entrar , sin percatarme de lo que estaba pasando debajo
de la mesa, y después de las presentaciones pertinentes,
le describí la situación en la que me encontraba,
sin poder realizar mis fantasías sexuales, de modo
que me enseņo un catálogo con un montón
de mujeres imponentes dispuestas a lo que hiciera falta, y
después de convencerme y hacer el trato, empujó
debajo de la mesa a Rosa, de modo que ésta me
la sacó y empezó a chupármela ante mi
asombro, y he de reconocer que ella sabía lo que hacía,
porque no tardé mucho en inundarle la boca de esperma,
y que tampoco dejó escapar ni una sóla gota.
El trato entre Jaime y yo consistía en que Rosa
y él se presentarían en mi casa como unos amigos
míos, y tanteando a mi mujer, intentarían convencerla.
Cuando estábamos todos en mi casa, invite a bailar
a Rosa, comenzando a sobarla descaradamente, primero
pasando mis manos por sus muslos, y luego por el resto del
cuerpo. Jaime, mientras, convenció a mi mujer para
que bailase, pero al intentar imitarme, recibió un
guantazo en la cara, ya que ella no quería colaborar.
Intenté hablar con ella, pero no quiso, y se sentó
en el sofá, que son de esos de rinconera, así
que como ella no quería participar, nos desnudamos
el resto, de tal forma que Jaime se sentó en el sofá,
Rosa se puso encima de modo que Jaime la penetrase
por el coņo y yo la penetrase por el culo, mientras
mi mujer miraba indiferente la escena.
Empezamos a martillear a Rosa a un ritmo frenético,
haciendo que ella gimiera de placer y diciendo -¡siii,
jodedme así, siii, más rápido, ahhh,
que gusto!-. Mientras, mi mujer, que parecía indiferente,
comenzó a pasar sus dedos por su vulva, que debido
a su excitación por lo que estaba viendo, estaba derramando
ese flujo caliente que llenaba su mano y empezaba a gemir
suavemente, mientras que nosotros nos corríamos en
el interior de Rosa, que decía: -¡¡sii,
dadme vuestra leche mientras me corro, ahh, que placer, que
pedazo de pollas, vamos, seguid!!- y después de corrernos,
se puso de rodillas, y cogiendo un pene con cada mano empezó
a chupárnoslas otra vez. Mientras chupaba una, masturbaba
la otra, y al contrario, hasta que nos corrimos los dos otra
vez.
Al día siguiente, como el primer intento no había
funcionado, fui otra vez a la agencia, y Jaime me aconsejó
una chica, Isabel, que siempre estaba dispuesta a hacerlo
todo. Me dió la dirección y fuí a probar
fortuna otra vez.
La tal Isabel era una ninfómana, de esas que a la
menor oportunidad están intentando hacer el amor contigo,
de modo que cuando llegue a su casa, me estaba esperando con
un camisón transparente de color negro, que dejaba
entrever un conjunto de sujetador y liguero rojos, con medias
negras. No llevaba bragas ni nada por el estilo, por lo que
a través del camisón pude observar su coņo
depiladito.
Cuando intente hablarle de la situación en que nos
encontrábamos mi mujer y yo, sin prestar atención
a lo que le decía, me llevo a su dormitorio y me tumbó
en su cama, y sin dejarme decir nada, me soltó el cinturón
y me bajo los pantalones, comenzando a chuparme el pene con
frenesí. En ese momento deje de hablar de mis problemas
y entré en acción.
Terminé de desnudarme y le desabroché el sujetador,
dejando a mi alcance unos pechos bastante grandes, que enseguida
comencé a lamer y a chupar. Después baje mi
lengua hasta su coņo, y para que ella no estuviera
inactiva, empezamos a hacer un 69, estando yo debajo y ella
encima, de modo que volvió a chupármela, mientras
yo hacía lo propio en lo suyo, introduciendo mi lengua
entre sus labios mayores y deslizándola suavemente
por su clítoris, que estaba a punto de reventar.
Tras pasar un rato en esta posición, ella se incorporó
y se puso de rodillas, y cogiendo mi pene, se lo introdujo
por su coņo, empezando a cabalgar violentamente, mientras
que yo tocaba sus tetas que mis manos eran incapaces de abarcar,
tal era su tamaņo, y ella no dejaba de gemir y de decir:
-¡¡ay, si, ay que bien follas, ay, si, métemela
más, hasta el fondo!!-. Viendo lo cachonda que estaba
y lo bien que me lo estaba pasando, la levante un poco y se
la introduje por el culo, a lo cual ella respondió
con un gemido de infinito placer, y empezó a correrse
y a gemir con más fuerza, y entonces me corrí
yo, inundándola con mi blanco esperma.
Cuando terminamos la juerga, convenimos en el plan a llevar
a cabo para convencer a mi mujer de los placeres del intercambio
de especies.
Este plan consistía en que Isabel se haría
pasar por una compaņera mía de trabajo, a la
cuál le había dejado el novio, y estaba muy
desconsolada, y yo, como buen compaņero de oficina
le había dicho que tenía que distraerse, y que
mi mujer podría consolarla.
Pues bien, llevé a Isabel a mi casa y le presenté
a mi esposa y le conté lo que le pasaba, las deje en
el salón, y mientras, yo fingí que me salía
a la calle a dar una vuelta, pero entre en una habitación
que da al salón y empecé a observarlas por el
ojo de la cerradura.
Al principio hablaron de cosas sin importancia, pero entonces
Isabel dijo: -El amor entre mujeres es la única solución
para mis problemas-, y empezó a desabrocharle la camisa
a mi mujer, que aunque se resistió un poco al principio,
accedió al final y se dejó llevar. Una vez desnudas
(sólo llevaban el liguero y las medias puestas), comenzaron
a explorarse mutuamente, mientras yo me masturbaba en la habitación
de al lado; al fin habían puesto cachonda a la antigua
de mi mujer y yo ya estaba harto de no comerme una rosca.
Mientras, Marta estaba realizando un servicio completo de
limpieza en el coņo de Isabel, que no dejaba de gemir
y decir cosas en un tono muy bajito, y que no podía
oír.
Como ya estaba todo en su punto culminante, entre al salón
y Marta me ofreció el coņo de Isabel, para que yo también
pudiera chuparlo, cosa que hice inmediatamente. Como Isabel
estaba muy cachonda, se quedó tumbada en el sofa masturbandose
a gusto, y Marta empezo a hacerme una de las mejores mamadas
que me han hecho en mi vida, chupando mi pene mientras lo
agitaba con extremada suavidad, que gusto me daba!
Entonces se levantoIsabel, y sentandose encima de mi, la
penetre por el culo, mientras Marta se encargaba de excitarle
el clitoris, masajeandolo con dos o tres dedos, a lo cual
respondia Isabel con unos gemidos de placer. Cuando ya estaba
a punto de correrme, Marta me la agarro y me la chupo para
que pudiera correrme en su boca.
Fue mi primera victoria. Despues de despedir a Isabel, nos
fuimos a darnos un baņo.
Siempre nos baņamos juntos, por si nos apetece hacerlo
en la ducha, que a mi me parece uno de los mejores sitios
para hacerlo. Entonces Marta me dijo que a partir de ahora
estaba dispuesta a hacerlo todo, de modo que llame a mis amigos
para celebrar la gran orgia al dia siguiente, a la que acudieron
Alberto, Desiree, Jaime, Rosa, Isabel, y por supuesto, nosotros
dos.
Como el sofa era grande, se adaptó perfectamente a
nosotros. En la izquierda Jaime y Desiree estaban tumbados
haciendo el siempre practico 69, yo estaba sentado en el rincón
mientras Isabel y Rosa me chupaban el pene, y a la derecha,
mi mujer se la estaba chupando a Alberto.
Yo estaba disfrutando enormemente, ya que aquel salón
empezaba a oler a sexo puro y duro, y el ruido de fondo eran
los constantes gemidos de placer que se escapaban de nuestras
gargantas. Desiree estaba disfrutando de saborear el increíble
paquete del que disfrutaba Jaime y a punto de correrse, se
la sacó y le dio los ultimos golpes para correrse en
su pecho, y Ella se lo restrego.
Mientras Isabel y Rosa habian hecho un excelente trabajo
en mi no menos voluminoso y duro aparato, así que me
corri en sus caras, y como Marta tambien sabe lo que es chuparla
bien, habia hecho lo propio con Alberto.
Nos cambiamos de posición, adoptando la siguiente
configuración: Alberto cogio a Isabel, y la subió
encima de la mesa de comedor, empezando a martillearla por
el coņo. Jaime se encargó de Rosa y de Marta,
que ofrecian su rico culo para que un rato en uno y un rato
en otro, su pene las fuese penetrando, era para morirse de
gusto. Mientras yo me encargue de poner a Desiree a 4 patas
y comence a metersela por su culo, y todos seguimos haciendo
lo que mas nos gustaba hacer y poniendo en práctica
lo que se nos pasaba por la mente.
Cuando terminamos y se fueron todos los invitados, con la
promesa de repetirlo, nos quedamos solos Marta y yo, y me
dijo: -Estoy dispuesta a hacerlo todo-, a lo cual conteste:
-eso es muy facil-. -¿Como?-, me pregunto Ella, y llevandola
nuevamente al sillon, comence a encularla con mas placer que
nunca. Marta comenzó a estremecerse de placer, y entonces
la inunde con mi esperma, que ella sintió recorrer
por sus entraņas. Aquel día había sido, sin
duda, el mejor dia orgasmico que recuerdo.
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