Me puse otro dia delante del ordenador
a ver si por fin acababa el libro. Hacia ya varios meses que
debi acabarlo y no habia forma... Todavia no tenia decidido
el el título. No sabia si llamarlo 'Entre las sabanas'
o 'Disfrutando con mis cosas'. El caso es que estaba dispuesta
a terminarlo cuanto antes, y así cobrar una pequeña prima
que tenía por rapidez. Estaba segura de que la calentorra
de mi editora le pondria un titulo sugerente.
A media mañana, el hambre me levantó de mi
asiento, dirigiendome a la cocina. Cogí una pera
y empezé a comermela pensando en lo que escribía.
Tenía en la mente la imagen de mi apuesto protagonista,
tumbado sobre la espalda de una doncella cortesana de su castillo,
follandola lentamente por su estrecho culito. Venía
con precisión increible, como hacia fuerza hacia abajo,
proporcionando a la joven una penetración larga y poderosa.
Y aquella imagen empezaba a proporcionarme una pequeña
excitación. Normalmente no solía excitarme con
lo que escribía, o por lo menos con lo que escribía
normalmente. Me dirigí delante del ordenador, y retrocediendo
hacia atras, pude ver que habia escrito doce hojas.
Aquello me llenó de satisfacion, pues era más de
lo que solia escribir casi todos los dias. Quizá por eso ahora
estaba más excitada de lo normal.
Me senté delante del teclado, dejé la pera
y me quedé pensativa mirando la pantalla. Miré
las letras detenidamente, y leí despacio lo que habia
escrito.
En cuanto leí cinco parrafos, noté que mi sexo
empezaba a mojarse, sabía que si seguía
leyendo, pronto no me quedaría otro remedio que masturbarme.
Y seguí leyendo ... 'la joven cortesana seguía
su trabajo con la polla del Conde. La chupaba desde la base,
la apretaba, y continuaba ascenciendo hasta llegar a la punta,
en la cual se recreaba en el enorme y colorado glande que
coronaba aquella polla. Mientras, el Conde, estaba gozando
de su caliente y dulce coñito.' ...
Ahora si que estaba excitaba. Sabía que mis bragas
estarían algo manchadas tras leer lo que habia escrito.
Me recliné hacia atras y desabroché el botón
de los vaqueros. Introduje mi mano derecha lentamente. Primero
pasé por mi vulva, perfectamente depilada, y continué
hundiendola hasta llegar a la apertura de mi sexo. Pasé
los dedos y noté la humedad. Introduje ligeramente
las yemas de mis dedos y los mojé de mis jugos.
Saqué la mano y los olí. Olian a sexo. Froté
los dedos hasta hacer que la humedad desapareciese e introduje
de nuevo la mano entre los pantalones.
Ahora metí los dedos más hacia dentro, y me
recreé en la sensación de mis jugos en mis dedos.
Intenté meter la otra mano pero no podia. Me desnudé.
Ahora podía admirar a la perfección mi cuerpo
desnudo, pero me concentré en mi vulva. Llevé
ambas manos a mi coño, y flaqueando a mi clitorix,
lo masajeé lenta y intensamente. Mi respiración
se convirtió en entrecortada, y la mantenía
mucho tiempo. Ya no tenía la imagen de mi libro en
la cabeza, ahora era yo y mi placer.
Con la mano derecha me froté todo mi sexo, de arriba
a abajo, y con la otra mano comenzé un frotamiento
en mis pechos. Al principio los apretaba rudamente, intentando
buscar un placer más salvaje, pero pronto preferí
encontrar un placer más sutil, y probablemente más
gozoso. Me frotaba los pezones delicadamente, y cada roze,
sentía su dureza crecer.
La humedad de mi coño se me extendió por toda
la palma de la mano. Me había pringado de mi misma.
Me penetré con dos dedos e intenté llegar a
lo más hondo. Me froté la parte interior de
mi sexo intensamente, lo que me hizo gozar más de aquella
masturbación. Ahora evitaba tocarme el clitorix, pues
mi excitación hacía que pronto llegara al orgasmo.
Momento que intentaba evitar y que busquaba intensa y paradójicamente.
Empezaba a notar como mis jugos resbalaban de mi coño
cuando supe que era el momento de llegar al orgasmo. Pero
deseaba que fuera algo más de lo que era normalmente.
Asique comenzé a leer en un punto aleatorio de mi libro.
'La sirvienta estaba a cuatro patas sobre el suelo de uno
de los salones del castillo, limpiandolo. Cuando entró
el Conde y admiró su trasero en pompa, ofreciendoselo
dulze y meloso, meneandolo excitante y deseando ser follado
lenta y armoniosamente. El pobre Conde no pudo más
que excitarse tras aquel pensamiento, y su enorme polla se
abultó bajo sus ropajes.
Se acercó por detras a la sirvienta y le posó
una mano en su duro trasero. Esta, al principio se asustó,
pero al ver que era el Conde con su enorme polla tiesa, supo
que ivan a follar.
Se tumbó en el suelo y abrió las piernas. El
Conde se puso de rodillas y, una a una, fué levantando
las diversas prendas que la cubrian las piernas. Hasta que
por fin, encontró su dulze y cálido coñito.
Aquella visión hizo que su polla resistiera una presión
indescriptible, al estar todavia en el interior de sus ropajes.
Por lo que el Conde la liberó. Pero todavia no deseaba
degustar aquel pedazo de cielo, que era aquel coño,
sino que prefería que su polla fuese chupada. Por lo
que se puso de rodillas sobre ella, de forma que pudiera lamerla
a gusto.
La sirvienta no le hizo ascos a tan dulce manjar, y sin mencionarlo
siquiera, se introdujo el enorme miembro con el que estaba
dotado el Conde, enterito en la boca. Tardó un poco
en acomodar tan honorable huested en su boca, pero cuando
lo hubo conseguido, la mamada tornó carices de soberbia.
El pobre Conde estaba en éxtasis. La chupada que le
estaba aplicando de forma tan minuciosa, le estaba llevando
a cotas de gozo innalcanzables para él antes, ¡que
digo innalcanzables!, ¡innimaginables!. Sentía
su miembro hinchado y gigantesco, húmedo por la saliva
de su amante, y cuando bajaba la mirada y veía lo que
estaba haciendo la sirvienta con su querida polla, creía
que no podría aguantar más el codiciado y dulze
placer del orgasmo.
Ya no podía más. Tuvo que sacar su polla de
la boca de su sirvienta, pues si pasaba su lengua sobre la
polla una vez más, estallaría de gozo, y antes
deseaba sentir sobre su polla la cálida y orgásmica
humedad de aquel coño. Se separó y se puso de
pies.
Admiró el cuerpo de su sirvienta una vez más.
Tenía toda la parte inferior del vestido levantada
hacia arriba, dejando al aire su delicado vello púbico,
un pecho se le había salido, en la pasión de
la mamada, por el escote y miraba, respirando profundamente,
el miembro del Conde. Bajó su mirada y se admiró
su polla. Estaba enorme, y salía amenazante de entre
sus ropas.
Se colocó entre las piernas de la futuramente follada,
y lentamente, se deslizó sobre ella, sin penetrarla.
Una vez encontrada la posición más cómoda
sobre ella, la hizo una señal con la cabeza. Esta bajó
sus brazos y cogió la polla con ambas manos y, delicadamente,
condujo la punta del miembro hacia la abertura de su coño.
Cuando el Conde sintió sobre su glande la delicadeza
de aquel coño, presionó para que entrara hasta
el fondo su enorme polla.
Se paró y disfrutó de la sensación de
tener toda su polla llenando aquel húmedo coño.
Al poco empezó su movimiento rítmico de caderas,
lo que le proporcionaba el placer increible de sentir su polla
entrar y salir. Notaba en cada centimetro de su miembro el
escurrir de la humedad de su sirvienta, como aquella sensación
se apoderaba de él y como se agolpaba en su cabeza
mientras los herguidos senos de élla se le clavaban
en el pecho.
La sirvienta tenia un gesto de placer en la cara, pero sin
embargo no emitia sonidos detonantes de su gozo. Esto era
debido a que muy frecuentemente, mantenia este tipo de relaciones,
relativamente cerca de las esposas de sus amantes. Aun así,
estaba gozando como nunca de aquella lenta follada. Como la
polla, húmeda de su saliva, resbalaba maravillosamente
en su interior.
El Conde notó como pequeñas cuentas de sudor
empezaban a formarse en sus sienes. La enorme cantidad de
placer que llenaba su cuerpo hacia que el reprimir su inreprimible
orgasmo, le costara muchísimo más esfuerzo de
lo que le habia costado nunca. Aquel orgasmo le estaba haciendo
sufrir como nunca recordaba.
El Conde sacó su polla al fin. Se quedó espectante
de ella, esforzandose cuanto podia en guardar su orgasmo.
Sin embargo su gozo estaba siendo tal, que temia correrse
en aquel momento. Apretó los ojos y los dientes, e
intentó llenar su cabeza de alguna idea agena a lo
que estaba haciendo. Sin resultado. Queria esperar un poco
a que se le bajase la excitación, para empezar de nuevo,
pero no hacia más que pensar en el orgasmo, en el placer
de la eyaculación, en la enorme corrida que le esperaba.
Sin poder evitarlo, su mano se lanzó fugaz contra
su polla, la agarró y estiró del prepucio hacia
atras. Esto hizo que el orgasmo por fin estallase en sus huevos.
Un chorro de blanco esperma salió disparado, cayendo
sobre el pubis de la doncella, pringandola del delicioso nectar
del éxtasis. Esta se llevó su mano a su clitorix
y lo agitó, buscando el orgasmo. El cual le llegó
pronto mientras su mano y su sexo seguian siendo balladas
por tan divino jugo. El conde ahora se agitó su polla
más suavemente, haciendo que todo el semen saliese
del interior de su polla, alargando el placer. Unas punzadas
le clavaron los huevos, haciendole más evidente que
habia tenido un orgasmo extrasensorial. El Conde, sin aire, se tumbó al lado de la sirvienta.
Esta siguió frotandose su pubis, mezclando el esperma
con su vello, y gozando de esa sensación. Levantó
la cabeza y se miro la maraña de pelo y blanca lefa.
Miró el miembro del Conde, doblado hacia un lado, chorreante,
y casi sin vida. Se inclinó sobre el Conde, y le besó.'
Ahora yo tambien gozaba de los restos de mi orgasmo. Me mojé
todos los dedos, me froté de todas las maneras y formas
posibles, y ello me llevo a tener una corrida impresionante.
Nunca me habia masturbado leyendo mis propios relatos porno,
aunque cuando me pajeaba los recordaba.
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