Nunca se me olvidara aquel dia en que senti el sexo de una forma
realmente distina a todo lo que habia conocido anteriormente..
Por aquel entonces yo tenía 25 años y apenas hacía
2 que me había independizado, viviendo como cualquier chico
lejos de mi antigüo hogar, limitándome a asistir a
algunas reuniones familiares y poco más. Con mi hermana
Desiree, que contaba veinte años, la relación
no era mucho más estrecha, ya que por la diferencia
de edad no teníamos mucho contacto y nunca habíamos compartido
amistades comunes. Por eso me sorprendió cuando esa
mañana recibí su llamada invitándome a comer
en casa y diciéndome que quería pedirme una cosa pero
no podía hacerlo por teléfono.
Aquello, así como el hecho de que aprovechara justamente
el fin de semana en que mis padres se encontraban de viaje,
despertó mi curiosidad, por lo que acepté la
invitación y me dirigí a su encuentro.
Una vez en casa, tras la charla sobre los estudios y el trabajo,
al ver que no se atrevía a decirme el motivo de su
llamada, opté por sacar el tema yendo directamente
al grano.
- Bueno, -dije- me imagino que no me has venido para preguntarme
por mi trabajo, así que dime qué es eso que
querías pedirme y que veo que tanto te cuesta decir
a juzgar por lo inquieta que estás.
- Bien -contestó- ya sabes que sigo con mis estudios
de publicidad y que me va muy bien, pero no te he comentado
que con la idea de ampliar estos estudios me apunté
hace no mucho a un curso de fotografía. Resulta que
uno de los temas de este curso es la fotografía artística,
y a mí me ha tocado como trabajo de fin de curso realizar
un álbu m sobre el cuerpo masculino. El problema es
que, por más que he buscado entre mis amigos no he
encontrado a nadie que quiera hacer de modelo y he pensado
en ti.
Aquello, si bien me halagaba en mí interior, me cortaba
mucho por lo que inmediatamente le manifesté mi
negativa a hacerlo, ya que, siendo hermanos como somos y criados
en un ambiente en el que la exhibición del cuerpo desnudo
no ha sido asumida de forma natural, ello me incomodaba mucho.
Inmediatamente me replicó que no tenía forzosamente
que posar desnudo, sino que podía hacerlo en ropa interior,
que no se trataba de exhibir el cuerpo al natural, sino de
captar las formas masculinas, etc.
Dada su insistencia, aunque todavía con mucho corte,
acepté. Para romper el hielo propuse salir a tomar
un aperitivo, pues hacía un día estupendo, y
no me atrevía en frío a entrar en materia directamente.
Pasamos dos horas tomando Martinis, tiempo tras el cual, y
ya más entonados de lo que necesitábamos decidimos
volver a casa.
Al llegar a casa, para despejarme, decidí tomarme
una ducha, idea que mi hermana compartió de inmediato.
Después me llevó a su habitación y de
uno de sus cajones sacó un "slip" blanco
de algodón, de los que se ajustan muy pegados al cuerpo,
y me dijo que lo había comprado para la ocasión
y que me lo pusiera al salir de la ducha. Me acompañó
entonces al garaje donde me sorprendió ver como había
montado una especie de estudio con focos, cámaras con
trípode y un panel blanco de los que usan los fotógrafos
como fondo. En ese momento, y aún hoy todavía,
me asaltó la duda de si no habría preparado
todo, y lo que vino posteriormente, de forma consciente y
premeditada.
Me duche mientras mi hermana hacía lo propio, y una vez puesto
el muy ajustado "slip" que me había dado me dirigí
al garaje. Allí me estaba esperando ya Desiree, vestida únicamente
con una camiseta larga, mientras preparaba su equipo.
Empezamos la sesión, al principio muy cortados y según
pasaban los minutos más relajados y buscando el lado
divertido de la situación, lo que nos hacía reír mucho. Creo
que era más una risa histérica que algo natural, pero
el caso es que al cabo de un rato ya me había hecho un bueno
número de fotos en todas las posturas y desde todos
los ángulos.
Le dije que por mi parte creía que ya era suficiente
y que lo podíamos dejar, pero ella no parecía
satisfecha con el resultado, y fue entonces cuando empezó
a complicarse la situación. - Verás -me dijo-,
no consigo plasmar lo que estaba buscando, me gustaría
darle un toque más original y un poquito más
atrevido. Por favor, -me pidió- metete la parte posterior
del "slip" por el culo, como si fuera un tanga.
Aquello me dejó boquiabierto, pues no pensaba que
pasaríamos de lo que hasta ese momento habíamos
hecho, e intentando salir del paso le dije que no entendía
lo que me estaba pidiendo, pensando que así desistiría,
pero lejos de ello lo que hizo a continuación provocó
mi mayor sorpresa.
Se me acercó y ella misma me metió el "slip"
entre las nalgas, a la vez que me enrollaba el elástico
superior del calzoncillo, lo que dejó mi trasero prácticamente
al descubierto y marcó todavía más mi
ya suficientemente apretado paquete, dejando entrever de forma
clara lo que había allí debajo. En este proceso
no dejó de aprovechar la ocasión para masajearme
el culo descaradamente y al mismo tiempo, haciéndose
la descuidada, me pasaba la mano por los testículos
y el pene.
Fue entonces cuando entreví como se estaba excitando,
contagiándome esa excitación a mí mismo,
que hacía todo lo posible por evitarla. Atribuí
su atrevimiento a los Martinis sin ser consciente de que lo
más fuerte estaba todavía por venir.
Me hizo otro buen número de fotos de espaldas, tumbado,
de pie, en posturas forzadas, etc. Pero seguía sin
estar satisfecha, así que, muy turbada y con risa entrecortada,
dio un paso más.
- Quiero pedirte otra cosa, pero casi no me atrevo.
- Ya no sé que se te puede ocurrir -contesté-
pero ya me parece que me da un poco igual seguir. Si me hubieran
dicho que iba a estar en esta situación enseñándote
el trasero no me lo habría creído, así
que pídeme lo que sea.
- Quiero que te acaricies y te excites para que puedas marcar
un inmenso paquete por debajo del "slip".
Eso era demasiado, sin embargo obedecí sin rechistar
y empecé a masajearme los huevos y la picha. Enseguida,
dada la cada vez mayor excitación que me iba invadiendo,
logré una considerable erección que despertó
la admiración de Desiree. Me pidió que me la colocara
a un lado y proseguimos con la sesión. Tan sólo
un par de fotos después se dio cuenta de que se había
acabado el carrete y no tenía en el garaje, así
que tenía que subir a buscarlo a su habitación,
lo que hizo de inmediato. Volvió, metió el nuevo
rollo en la cámara y decidió que prosiguiéramos.
En ese ir y venir a mí se me había bajado todo,
y ella, al darse cuenta me dijo que ya casi habíamos
terminado y que por favor volviera al estado anterior.
- Bueno, de acuerdo, -repliqué en un estado máximo
de excitación y sin importarme lo que pudiera suceder
a continuación- pero hasta ahora sólo he jugado
yo a este juego, si quieres que continuemos deberás
poner algo de tu parte.
- Y que quieres que haga -contestó ante el imprevisto,
pues mi contestación no parecía entrar en sus
planes.
- En primer lugar, ya es hora de que tu también muestres
tus encantos así que ve quitándote esa camiseta
para que te pueda ver, y además, si quieres que vuelva
a estar empalmado tendrás que acariciarme tu misma.
Se quedó parada un instante y pareció dudar,
creí entonces que la sesión terminaría ahí, sin embargo
dio el siguiente paso. Se despojó de su camiseta y
apareció ante mí con unas braguitas blancas minúsculas,
sin sujetador, enseñándome su cuerpo magnífico,
sus no demasiado grandes pero si muy firmes senos, y sus deslizantes
caderas. Se acercó y empezó a restregarme el
paquete que enseguida respondió a sus atenciones, a
la vez que me succionaba los pezones, algo que yo no había
pedido y que me colocó al borde de la excitacion maxima.
Me hizo otra foto pero dijo que no le gustaba, que se me
notaba el prepucio por encima del glande, ya que no estoy
operado de fimosis y tengo una cantidad apreciable de piel
en la punta del pene. -Hay que arreglarlo- dijo, y ni corta
ni perezosa, ya no había rubor ni tapujos, me sacó
la polla del calzoncillo y con mucha delicadeza y cuidado
estiró la piel descapullándola por completo.
-Así está mucho mejor- añadió
y siguió con sus fotos, pero no había tenido
mucho, con lo que decidió dar la última vuelta
de tuerca.
-Puesto que hemos quedado en que esto es un juego me parece
que ha llegado el momento de jugar al doble o nada- dijo al
mismo tiempo que se despojaba de sus braguitas -sí es que
te atreves- añadió.
Al contemplar su precioso coñito depilado, mostrando
una estrecha y fina capa de vello, mi excitación volvió a
subir un grado más, aceptando gustosamente su invitación.
Le pedí entonces que anduviera por la habitación para poder
admirarla al completo, lo que aceptó gustosa, mientras restregaba
mi polla que ya estaba a punto de estallar
Me hizo una última batería de fotos con mi
erecció al descubierto, acarciándome y en varias
posturas, incluidas las más obscenas que se pueda imaginar,
hasta que decidió dar por concluida la sesión.
- Bien, creo que ya tengo más que suficiente -concluyó-,
has sido un modelo estupendo así que ahora me toca
pagarte, y sólo se me ocurre una forma de agradecértelo.
Llegó hasta el sillón donde estaba recostado
cogió mi pene y comenzó a acariciarlo al tiempo
que me lamía el torso. No sabía como reaccionar,
ya que aunque era consciente de que no debíamos estar
haciendo lo que estabamos haciendo, estaba absolutamente cachondo
y era incapaz de protestar. En cualquier caso no me dio la
menor opción a hacerlo, pues de sopetón me encontré
con mi polla dentro de su boca mientras me masajeaba frenéticamente
el culo.
No parecía ser la primera vez que lo hacía,
sino más bien que era una auténtica experta.
Acompasaba el movimiento de su lengua y sus labios perfectamente
a mis sacudidas, y en honor a la verdad he de decir que ésta
fue con diferencia la mejor mamada que me han hecho en mi
vida, así que no tardó mucho en sobrevenirme
el orgasmo derramando mi chorro de semen en su boca, que ella
aceptó sin rechistar y con total naturalidad no permitiendo
que se derramara una sola gota, tragándolo, o al menos
eso me pareció a mí con sumo placer.
-Ya estamos en paz, hermanito, así que podemos ir a comer-
comentó como si allí no hubiera pasado nada, mientras que
yo una vez pasado el éxtasis y de vuelta a la realidad, comenzaba
a sentir cierta vergüenza por lo que había pasado.
Y así hicimos, comimos, apenas dirigiéndonos la palabra
y sin hacer ningún comentario sobre la sesión. Nunca
más hemos hecho ninguna referencia al tema, ni hemos
vuelto a tener otro encuentro como aquel. Nunca le pregunte
por el resultado del curso ni del reportaje, ni siquiera llegué
a ver las fotos, y aún hoy, todavía me pregunto si
hubo tal curso y si aquella cámara llegó a estar cargada...
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