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En un compartimento del tren de media noche Irun-A Coruņa. Ahi estoy yo, sentada y aburrida. Mi hermana me dio planton y me toca ir sola estas Navidades a casa de la familia.
El tren retrasa su salida y ya se nota la falta de calefaccion. Alzo los hombros y el cuello de mi chaqueta. La gente se apresura a subir, se agita en el anden buscando los vagones correspondientes. Aqui no entra nadie.
Destaca una pareja que pasa delante de la ventana, son lentos, caminan pegados, como junto a un espejo, mismos pasos medidos, mismo balanceo de brazo, cada uno con un bolso en la mano opuesta. Pero el, como sintiendo que le observo, gira la cara y me mira, sin dejar de caminar. Me siento como pillada in-fraganti y desvio la mirada para disimular. Cuando vuelvo se despiden. Un suave beso sobre los labios. Yo esperaba un abrazo, un beso apasionado, vamos, un beso del corazon, de despedida. Pero no, un simple "pico". Frustrante. Ella le entrega el bolso que lleva. Puedo leer en sus labios un "Adios" frio y rencoroso. Se marcha, con paso tranquilo, indiferente. El la sigue un momento con la mirada y se sube.
Me pillo deseando que le toque mi compartimento.
Cuando abre la puerta y me saluda con un "Buenas tardes", se me escapa media sonrisa y al mismo tiempo se me pone el corazon a 100, atraganto yo un "holas". Posa su equipaje debajo de los asientos junto al mio y se sienta frente a mi.
"-Hola, me llamo Javier." y me tiende la mano para un apreton. Accedo a el y contesto "Hola, me llamo Agustina". Es un apreton franco y firme, con una mirada acorde con el.
Es de pelo castaño, casi rubio, tiene los hojos verdes y la cara cuadrada pero harmoniosa. Una cicatriz marca su mejilla derecha pero no lo afea. Le da cierto aire de dureza.
Nos sonreimos y me pregunta a donde voy.
"- Voy hasta Ponferrada, Leon"
"- Yo A Coruña, al cuartel. Soy militar y estas Navidades estoy de guardia."
Seguimos hablando, sobre todo de El.
Me doy cuenta que hincho el pecho, como una paloma en pleno cortejo.
Se abre la puerta del compartimento y entran cuatro pasajeros. Ya ponemos el cartel de "completo". Los maldigo y por lo que veo Javier tambien. Un saludo de conveniencia y decidimos salir para dejarles acomodarse. (Es una excusa para seguir hablando tranquilos).
Pasamos el pasillo para llegar al descansillo donde se encuentran la puerta de salida, la pasarela que junta los vagones y los baños. Nos ponemos frente a frente, cada uno apoyando la espalda sobre las paredes opuestas. Yo, maquinalmente, poso mi pie derecho sobre la papelera que esta colgada de la puerta de salida. Arranca el tren y seguimos charlando un buen rato, hasta que su mirada baja lentamente para posarse entre mis piernas. (Y es que al cabo de un tiempo, te relajas y dejas que la inercia abra tus piernas sin pensarlo y te veas ofrecida a el). Al sentir esa mirada me sobresalto y bajo la pierna de repente.
¡ Hay que ser descarado ! Pienso yo.
A el se le escapo una pequeña risa que pronto ahogo al ver mi cara sonrojada. Pero yo, a decir verdad, me siento alagada.
"- Tengo hambre (no se muy bien si de comida o de el, pero para quitarme la falsa duda...), ¿ que tal si cenamos ? "
"- Me parece bien y los demas querran dormir, ya es tarde."
Vamos a por nuestros bocadillos al compartimento y salimos para ir al vagon-restaurante.
"- No hay nadie." digo yo.
"- Claro, a estas horas todos cenaron".
Nos comemos los bocadillos acompañados de una Coca-Colas, pero a mi me siguen ruguiendo las tripas. Esta claro, no es hambre de comida, sino de el. Siento el vacio en mi vientre. Ya es muy tarde y tenemos que volver al compartimento. Mi mente da vueltas. ¿ Como puedo ser tan cortada ? ¡ Con lo facil que es ! Creo que el piensa lo mismo.
Estoy a punto de voltearme y asaltarle, pero no. Yo no soy asi.
Entramos en el compartimento y las literas que quedan por ocupar son las de arriba. ¡ Ultima oportunidad ! Pienso yo. Subimos las escalerillas y nos hechamos. Aunque esten las luces apagadas queda la de emergencia y tengo visibilidad suficiente como para ver que se quita los pantalones y los dobla con cuidado de no arrugarlos. El vuelve a sorprender mi mirada y me susurra que vestido no puede dormir. Yo con mas descaro que el cuando me miraba horas antes entre las piernas, le contesto que sin ellos tampoco, y me quito los mios.
"- ¿ Que te parece si me cambio de litera ?"
"- ¡ Llevo horas esperando este momento ! le contesto yo con un susurro quizas demasiado audible ya que el viajero de la litera inferior se revuelve como molesto.
Entonces se pasa y se hecha a mi lado sobre la estrecha litera. Se arrima un poco mas a mi (bueno, ya no puede arrimarse mas), para besarme repetidamente con suavidad hasta la fusion de nuestras bocas hambrientas.
Nos cojemosde la cintura mientras nos besamos. El apreta su pene duro y grande contra mi, mientras yo con mi pelvis lo acaricio de abajo a arriba, moviendo las caderas al ritmo del traqueteo del tren.
Besa mi nuca, pasa su lengua por mi cuello y baja hacia los pechos. Coje uno de ellos con una mano, y me pellizca el pezon que se ve tan excitado y duro como el. El otro pecho esta a merced de sus labios, de su lengua, de sus dientes que lo mordisquean con firmeza y suavidad. Mi vientre se encoje de placer mientras mi vagina late de excitacion. El va bajando, pasando su lengua por mi piel, besandome. Llega lentamente a mi vulva que besa con delicadeza, con cariño mientras aparta mis piernas para dejarme ofrecida a su boca, a su lengua y a sus dedos expertos que parecen conocer ya cada punto sensible de mis entrañas. Cuando me siente a punto de culminar, para prolongar mi excitacion, vuelve a besar mi vientre (que siento mas vacio que nunca), a acariciar mis pechos con su lengua y a besar mi boca mientras me penetra suave y lentamente. Lo siento deslizarse dentro de mi, recorrer mi vagina hasta el fondo, con cuidado, casi con miedo a dañarme. Yo poso los pies sobre el techo del compartimento y me corro para abajo. El coje mis piernas y las posa sobre sus hombros, la besa con sus labios y con su lengua, acabando con un suave roce de mejilla.
Entonces sigue tomandome, lenta y suavemente para colmar mi excitacion y que le ruegue mas. Lo aspiro con fuerza. Lo quiero todo en mi. Mas y mas.
Aumenta paulatinamente su ritmo al son del tren, al son de nuestros jadeos, penetrandome profundamente. Y llegamos al mas intenso de los placeres, ahogando nuestros (sobre todo mios) gemidos a besos para no alertar a los demas. Me llena de su esencia mientras yo le aspiro al ritmo de los latidos de mi vagina. Ahora me siento llena y colmada. Ese vacio en mi vientre ya no existe.
Vamos recuperando el aliento, acariciandonos cariñosamente.
Seguimos con besos y caricias hasta que volvemos a excitarnos, hasta que el se me ofrece, hasta que yo le ofrezco mis labios.
Cojo su pene con una mano, beso su glande con cariño, luego lo cojo entre mis labios, humedeciendolo con la lengua, pasandola al rededor, lo saco de mi boca y repaso su verga entera con mi lengua humeda para cubrirlo entero de mi saliva calida de abajo a arriba y de arriba a abajo. lo vuelvo a meter, lo tanteo en mi boca, en mi garganta. Voy y vengo, primero suave, luego mas fuerte pasando mi lengua por su base de abajo a arriba. Se hincha mas y se estremece un poco al pasar de mi boca a mi garganta en un ritmico va y ven acompasado por el tren. Ahora lo aspiro y casi se corre pero yo quiero mas placer, para mi, para el. Me retiro. Me mira con cara de sorpresa, pero yo, sin decir palabra alguna, le ofrezco mis riñones.
Por la raja de mi vulva corren nuestras esencias, calidas y generosas que el se apresura en volver a introducir con su pene, pero ya no con dulzura y suavidad. Se retira y siento como apoya su glande hinchado sobre mi ano. Lo penetra lentamente pero con fuerza, haciendo sitio, lubricando con nuestros jugos, a semejanza de un pincel sobre una paleta de pintura. Cada vez entra mas, cada vez mas profundo, ahogo un gemido y me tapa la boca con la mano, con fuerza, arqueando mi espalda, tomandome ya sin cuidado, sin dulzura, violentamente. El dolor va poco a poco cediendo al placer, y me suelta la boca para primero agarrarse a mis caderas con las dos manos y luego colar una de ellas entre mis piernas. Introduce un dedo en mi vagina y lo pega contra su verga a traves de ella, con la base de su mano aprieta con fuerza mi clitoris excitado que revienta de placer en cada sacudida corporal, anal. El ya a punto de correrse, vuelve a retirarse para tomarme con mas fuerza alternativamente en la vagina y el ano, lo que hace que no sepa exactamente si culmino mi disfrute por dolor o por placer. Se corre en mis carnes y siento como su leche me llena con fuerza y pasa dentro de mi como un liquido ardiendo con dolor y con placer.
Se retira ya colmado y me besa esta vez con mas dulzura que nunca susurandome al oido cosas bellas, acariciandome, amandome.
Cuando nos despedimos de madrugada, nada de frialdad, todo cariño y todo pasion, como tienen que ser las despedidas.
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